¿Dónde estás tú?

Echar de menos a la mujer que eras antes no te hace mala madre

Quizá sientes que has cambiado tanto que a veces te cuesta reconocerte.

Tu vida, tus prioridades y tu forma de verte han cambiado, pero todavía estás descubriendo quién eres en esta nueva etapa.

Puedes echar de menos tu independencia, tu trabajo, tus planes o la persona que eras antes de ser madre.

Echar de menos tu vida anterior no te hace peor madre. También necesitas espacio para seguir siendo tú.

La mujer detrás de la madre

Entendiendo la transición

La maternidad cambia muchas cosas: tus prioridades, tus rutinas, tus relaciones y también la forma en la que te ves a ti misma.

Puede que sientas que ahora eres principalmente “la madre de” y que tus propias necesidades han quedado atrás. O que echas de menos la persona que eras antes.

En psicología perinatal llamamos matrescencia al proceso de transformación que vivimos al convertirnos en madres.

No significa que hayas perdido quién eres. Estás atravesando una etapa de muchos cambios y necesitas tiempo para encontrar tu lugar en ella.

¿Cuándo pedir ayuda?

Señales

Puede ser un buen momento para pedir ayuda si echas mucho de menos tu vida de antes y esa sensación se convierte en tristeza, ansiedad o malestar constante.

También si sientes que tus necesidades, tus proyectos o las cosas que te hacían disfrutar han quedado completamente en segundo plano.

Cuidar de tu bebé no significa dejar de cuidarte a ti. Tú también necesitas espacio para seguir siendo tú.

Si te cuesta reconocerte o sientes que has perdido tu lugar en esta nueva etapa, no tienes que vivirlo sola

Cuando empiezas a perderte

Asimilar que tu tiempo ya no te pertenece en exclusiva ni puedes improvisar.

Aceptar que las tareas más básicas (como ducharte, comer o salir) ahora dependen de los ritmos de tu bebé, lo que al principio puede hacerte sentir atrapada, agobiada o encerrada en casa

Hacer el duelo por el cuerpo que tenías antes de quedarte embarazada.

Aprender a mirar, respetar y aceptar los cambios físicos —tanto los que se ven como los que no— que ha dejado el posparto, entendiendo que tu cuerpo ha transitado una transformación inmensa

El choque entre tus metas laborales de siempre y las exigencias de la crianza.

Es normal sentir un conflicto interno si notas que tu ritmo en el trabajo ya no es el mismo, o incluso si descubres que tus prioridades e intereses han cambiado y ya no te llena lo mismo de antes.

Tus vínculos se transforman de golpe.

Con tu pareja, pasáis de ser dos a convertiros en un equipo de cuidadores las 24 horas (con el desgaste que eso conlleva). Con tus amigos, puede aparecer una distancia si ellos no están en tu misma etapa vital, lo que aumenta la sensación de soledad

La pelea constante entre lo que la sociedad espera de una «buena madre» (que lo dé todo sin quejarse) y tu necesidad real, sana y legítima de seguir teniendo un espacio para ti, para tu desarrollo intelectual, tus aficiones o tu intimidad, libre de culpa