Culpa y maternidad

No disfrutar de cada segundo o sentir que no llegas a todo no te hace mala madre.

La maternidad puede venir acompañada de mucha culpa.

Por necesitar tiempo para ti. Por sentirte cansada. Por no disfrutar de cada momento. Por la lactancia. Por el trabajo. Por pensar que podrías hacerlo mejor.

Pero sentirte así no significa que seas una mala madre. Significa que eres una persona que está intentando adaptarse a una etapa llena de cambios y exigencias.

Entender la culpa

El mito de la madre perfecta

La culpa aparece muchas veces cuando comparas la madre que eres con la madre que creías que deberías ser.

Debería tener más paciencia.
Debería disfrutar más.
Debería poder con todo.
Debería hacerlo mejor.

Pero la maternidad real no es perfecta. Hay cansancio, dudas, frustración y días en los que simplemente haces lo que puedes.

No estás fallando por no poder con todo.

¿Cuándo pedir ayuda?

Señales

Quizá sientes que nunca haces suficiente. Que deberías tener más paciencia, disfrutar más o hacerlo todo mejor.

Si esa sensación te acompaña a diario y empieza a afectar a tu descanso, a tu estado de ánimo o a la forma en la que vives la maternidad, pedir ayuda puede ayudarte.

Cuidarte no te hace peor madre. Tú también necesitas cuidado.

Las caras de la culpa

Ese nudo que se te hace al sentir amor profundo por tu bebé pero, al mismo tiempo, un cansancio agotador, ganas de huir a ratos o el deseo de recuperar la libertad y el tiempo que tenías antes de ser madre

El reproche que te persigue si el nacimiento no fue como soñabas (un parto médico, una cesárea) o si tuviste que dejar la lactancia y pasar al biberón. Sientes que has fallado en algo que te dijeron que era «natural«

El conflicto constante al volver al trabajo. Sientes que no estás lo suficiente para tu hijo, pero si priorizas la crianza, temes descuidar tu profesión o tu independencia. Da igual lo que elijas, siempre parece la opción incorrecta

La imposibilidad de disfrutar de una ducha larga, de un café con una amiga o de una cita con tu pareja. En cuanto te alejas un metro, aparece un pensamiento que te dice que estás restando tiempo y atención a tu bebé

El castigo feroz que te impones por las noches después de haber gritado, llorado o respondido mal a tus hijos. Olvidas que detrás de ese enfado hay un agotamiento extremo y una falta enorme de ayuda