Sí, cuidar agota

Estar agotada no es un fallo tuyo: es el resultado de llevar en la cabeza el peso de todo el día a día

Cuando el cansancio acumulado por no dormir se junta con la alerta constante por el bienestar de tu bebé y tu propia autoexigencia, el estrés se vuelve crónico. Sostener este ritmo en el tiempo te desgasta por completo, apaga tu salud mental y te impide disfrutar de tus hijos y de tu vida. No eres un robot, eres un ser humano.

Mereces una maternidad sostenible, acompañada y saludable

El peso de cuidar

Cuando la batería llega a cero

El agotamiento aparece cuando llevas demasiado tiempo dando más de lo que tienes.

Puede que cosas pequeñas te saturen, que estés más irritable, que te cueste concentrarte o que tengas la sensación de no poder con nada más.

No es falta de amor hacia tu bebé. Es cansancio acumulado.

Cuidar también requiere descanso, apoyo y momentos en los que puedas dejar de estar pendiente de todo.

¿Cuándo pedir ayuda?

Señales

Pedir ayuda puede ser importante si el cansancio afecta a tu estado de ánimo, a tu paciencia o a tu capacidad para disfrutar de la maternidad.

Si sientes que todo son obligaciones, que estás funcionando en automático o que cualquier cosa te desborda, no tienes que esperar a estar al límite.

Cuidar de ti también forma parte de cuidar.

Así se ve el agotamiento

Una preocupación excesiva que te acompaña todo el día.

Aunque intentas controlarla, tu mente siempre viaja al peor escenario posible: el bienestar de tu bebé, si serás buena madre o si todo saldrá bien, dejándote el cuerpo agotado y con una tensión constante.

Miedo intenso que aparece de golpe y sin avisar.

Notas que el corazón se dispara, te falta el aire, te mareas y sientes un temor horrible a perder el control o a sufrir una emergencia médica en pleno embarazo

Un temor profundo, paralizante e invalidante al dolor y al día del nacimiento.

Este miedo es tan intenso que te genera una angustia enorme al pensar en ese momento, llegando a empañar el resto de tu embarazo.

Imágenes o ideas intrusivas, extrañas y muy angustiantes que se te cruzan por la mente (muchas veces relacionadas con que el bebé sufra algún daño sin querer)

Para calmar ese miedo, te ves atrapada repitiendo gestos o comprobando las cosas una y otra vez

Una inseguridad muy fuerte ante las opiniones de los demás.

Te agobia exponerte a situaciones sociales porque sientes que todo el mundo va a evaluar tus decisiones, tu cuerpo, tu forma de cuidarte o tu capacidad para ser madre